18 dic. 2010

UN FUTURO SIN TRANSBORDADOR

Si se cumplen los plazos y todo sale como está previsto, el próximo 1 de abril de 2011, el transbordador espacial Endeavour será la última nave del programa Shuttle en despegar desde Cabo Cañaveral*. Atrás quedarán 30 años de idas y venidas a la órbita baja de la Tierra, 134 misiones en las que se han lanzado decenas de satélites y se han realizado miles de experimentos, y dos trágicos accidentes (Challenger y Columbia) en los que dejaron sus vidas catorce astronautas.

¿Cómo se apañará la NASA sin sus trasbordadores? La agencia norteamericana necesita seguir enviando a sus hombres a la Estación Espacial Internacional (ISS) y debe buscar una alternativa para no abandonar los experimentos y programas que tiene en marcha.

El anuncio de Barack Obama hace un año de que se cancelaba el proyecto Constellation, la siguiente etapa en la exploración espacial norteamericana hacia la Luna y Marte, ha sembrado el camino de incertidumbre. La cápsula Orión, posible sustituta de los transbordadores, no estará operativa hasta el año 2016, así que la NASA tendrá que vivir de prestado durante los próximos seis años e improvisar alguna soluciones.

Un futuro de alquiler
Además de los recortes presupuestarios, la primera consecuencia “humillante” del fin del programa de la NASA ha sido tener que pedir a los rusos que les hagan un hueco en la nave Soyuz para poder subir a sus astronautas hasta la ISS. El alquiler de estas plazas no saldrá barato: los últimos asientos le han costado unos 55 millones de dólares, un precio que sube vertiginosamente cada año.

En las últimas semanas, por ejemplo, la agencia estadounidense ha pagado 335 millones de dólares por seis billetes de ida y vuelta a la estación desde el cosmódromo de Baikonur en 2013 y 2014. Como en cualquier compañía de transporte, el billete incluye una limitación del peso en el equipaje de cada astronauta: 50 kilos en la ida y sólo 17 kilos en el regreso a tierra, más la basura que hayan acumulado.

Aún así, teniendo en cuenta que cada viaje del transbordador le costaba a la NASA una media de 450 millones de dólares, el viaje de prestado quizá le salga a cuenta por un par de años.

Alternativas al transbordador

Entre las medidas que aprobó la administración Obama está la cesión a compañías privadas del transporte de suministros a la estación espacial. La NASA ha firmado dos sustanciosos contratos con dos empresas (Space X y Orbital Sciences) a cambio de que usen sus cargueros espaciales para llevar material a la estación. En concreto, pagará 1.600 millones de dólares a Space X a cambio de doce viajes de suministro de la cápsula Dragon y 1.900 millones a Orbital Sciences por ocho viajes similares.

Y son estas dos compañías las que están presentando alternativas para sustituir a los viejos trasbordadores y llevar astronautas hasta la ISS sin necesidad de pasar por los rusos.

La cápsula Dragon, de Space X, fue puesta en órbita con éxito por primera vez el pasado 8 de diciembre y tiene un futuro más que prometedor. Además de transportar hasta 6.000 kilos de carga, su configuración permitiría llevar hasta siete astronautas a la estación espacial, además de material.

La compañía Orbital Sciences, por su parte, acaba de presentar en sociedad un minitransboradador que sería puesto en órbita por el cohete Atlas 5 y ofrece a la NASA su capacidad para transportar tres astronautas y un turista espacial hasta la ISS.

Mientras tanto, los rusos también buscan la manera de sustituir a corto plazo la efectiva Soyuz, que no será rentable eternamente. Para ello trabajan desde hace tiempo en un minitransbordador, mucho más pequeño que el viejo Buran y los trasbordadores americanos, llamado Kliper, pero deberá buscar financiación privada si quiere que el proyecto no se estanque.

Despidos y naves en venta

La consecuencia más dramática de la cancelación del programa Shuttle será la pérdida de unos 9.000 empleos directos de trabajadores de la NASA y, según algunas estimaciones, de varios miles de trabajos indirectos del personal de hoteles y restaurantes que viven de los lanzamientos.

Por el lado sentimental, queda la duda de qué pasará con los viejos transbordadores, con todo lo que han significado para la historia espacial de los últimos años. De momento, parece garantizado que no quedarán abandonados en un solar, como sucedió con el viejo Buran ruso, sino que se les buscará un emplazamiento decoroso.

De los tres transbordadores activos, la NASA ha decidido quedarse con uno, el Discovery, que será exhibido, como es habitual, en el Museo Smithsonian de Washington. Y los otros dos están directamente a la venta. De los 42 millones que pedía la agencia inicialmente, la oferta se ha rebajado a 28,8 millones de dólares e incluye el desmantelamiento de los materiales peligrosos de la cabina y el transporte hasta el lugar de exhibición.

De momento, hasta 21 instituciones han mostrado su interés exhibir esta parte viva de la historia espacial norteamericana y aún se pueden recibir algunas más hasta el 19 de febrero, cuando se cierra la fecha para pujar. 

¿Por qué se cancela?

Lo correcto sería preguntarse por qué se “canceló”, porque la decisión se tomó en el año 2005 por parte de la administración Bush y como consecuencia casi directa de la tragedia del Columbia, que se desintegró en miles de pedazos sobre el cielo de Texas dos años antes, y cuya comisión de investigación pidió el cese del programa por razones de seguridad.

“No quiero ver a otro administrador de la NASA obligado a justificar en el Congreso un programa basado en mentiras, desinformación, medias verdades e informes inflados”, aseguró Bush durante la rueda de prensa.

Aparte de las valoraciones de Bush, muchos especialistas coinciden en que mantener el programa durante tantos años ha sido un error estratégico que le costará caro tecnológicamente a EEUU. En un informe de 2008, el Aerospace Safety Advisory Panel (Ver PDF) subrayaba la necesidad de cesar las actividades de los trasbordadores por motivos básicos de seguridad. “El programa debería haber recibido un retiro honorífico, como se merece, en los años 90”, aseguraba recientemente el historiador de la NASA Roger Launius  en The Observer.

Los viejos autobuses espaciales han quedado obsoletos durante estos años de vida extra. Creados a principios de los 80 para recuperar parte del programa Apollo y pensados para reducir costes y reutilizar sus componentes, su puesta en órbita en el año 2010 sale demasiado cara y tiene demasiadas trabas burocráticas. ¿Por qué no se actualizó antes el programa? El error y la falta de previsión llevará a EEUU a permanecer unos años a remolque en el que siempre ha sido su gran estandarte: el liderazgo en la exploración espacial.  

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