18 feb. 2010

Primer 'tratamiento' en laboratorio de una enfermedad genética


El primer experimento que demuestra que las células madre inducidas (iPS) sirven para estudiar enfermedades genéticas también ha proporcionado una gran sorpresa. Células de la piel de pacientes con una rara enfermedad que produce envejecimiento prematuro fueron reprogramadas con la adición de cuatro genes para obtener células madre inducidas. La sorpresa fue que estas últimas no tenían el defecto genético original (que produce una muerte celular prematura) y se dividían indefinidamente como las normales. El estudio relaciona por primera vez las células madre con el envejecimiento y el cáncer, señalan los investigadores del Children's Hospital de Boston (EE UU) que han publicado sus resultados en la revista Nature.

"Si a los pacientes con disqueratosis congénita se les hace un transplante de médula ósea convencional, suelen presentar una mortalidad mayor que otros pacientes porque su enfermedad afecta a muchos sistemas orgánicos", explica Suneet Agarwal, líder del estudio. "Para estos pacientes, y para otros que tienen el síndrome de fallo de la médula ósea, sería ideal hacerles un trasplante más suave con células madre procedentes de sus propias células".

Además, como la creación de células madre inducidas parece promover el alargamiento de los telómeros (los extremos de los cromosomas), los resultados también indican que personas de todas las edades se podrían beneficiar de terapias celulares de este tipo, indica el investigador. "No decimos que hemos encontrado la fuente de la juventud, pero el proceso de creación de células iPS recapitula en parte los mecanismos biológicos que nuestra especie utiliza para rejuvenecerse en cada generación".

Sin embargo, otro experimento realizado en el Reino Unido da un panorama distinto de lo que produce la muerte celular. Cuando las células dejan de dividirse y los tejidos de los que forman parte se deterioran, se debe a que la célula ha detectado un daño en su material genético y emite señales internas que hacen que la mitocondria (el motor celular) produzca unas moléculas, los radicales libres, que llevan a la muerte celular. En esta versión la importancia de los telómeros, que se acortan con cada división celular hasta que dejan de proteger a los cromosomas, es mucho menor de la supuesta hasta ahora. El estudio se publica en Molecular Systems Biology.

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