15 mar. 2010

Científicos descifran cómo funciona el cerebro de un psicópata

Estos individuos buscan una recompensa a toda costa. Neurólogos hallan la clave que les empuja a cometer los crímenes más horrendos sin inmutarse.

Dicen de ellos que no tienen escrúpulos, que carecen de sentimientos. Sus actos nos repugnan y nos sorprenden a un tiempo, incapaces de comprender su comportamiento violento y visceral. Los científicos llevan mucho tiempo trabajando para descifrar qué mecanismo convierte a un ser humano en una bestia sin entrañas, en un psicópata incapaz de inmutarse ante el dolor ajeno. Investigadores de la Universidad de Vanderbilt en Nashville (Tennessee, EE.UU.) apuntan una nueva clave poco estudiada hasta el momento: el cerebro de estos individuos busca de forma insistente una recompensa a cualquier precio, nada puede interponerse en su camino, porque sólo atienden a la satisfacción de una necesidad pese a quien pese. La válvula que abre esta energía obcecada es un «chorro» enorme de los centros de dopamina en el cerebro, un neurotransmisor relacionado con la satisfacción y la felicidad.

La investigación, publicada en la revista Nature Neuroscience, subraya la importancia de la investigación neurológica sobre la conducta. «Los psicópatas son considerados a menudo como criminales de sangre fría que toman lo que quieren sin pensar en las consecuencias», explica Josué Buckholtz, autor principal del estudio. Pero lo que este investigador y su equipo han encontrado en el cerebro de los psicópatas es «un sistema de recompensa de dopamina hiper reactivo». Según apunta, este sistema puede ser el impulsor de algunos de los comportamientos más problemáticos relacionados con la psicopatía, como la delincuencia violenta, la reincidencia y el abuso de sustancias.

Anteriores trabajos sobre la psicopatía se han centrado en lo que les falta a estos individuos, como el miedo, la empatía (la capacidad para ponerse en el lugar del otro), y las habilidades interpersonales. La nueva investigación, sin embargo, examina lo que tienen en abundancia: la impulsividad, la atracción hacia las recompensas y la asunción de riesgos, rasgos que, al parecer, revelan con más facilidad una futura conducta criminal que los primeros.

Anfetaminas y dineroLos investigadores realizaron una tomografía por emisión de positrones (PET, por sus siglas en inglés) -que mide la liberación de dopamina- y una resonancia magnética funcional (fMRI) en el cerebro de distintos individuos, algunos de ellos con rasgos psicopáticos previamente confirmados. En la primera parte del experimento, los investigadores dieron a los voluntarios una dosis de anfetaminas. En las personas con altos niveles de síntomas de psicopatía -fuertemente relacionada con el abuso de sustancias- había casi cuatro veces más cantidad de dopamina liberada en respuesta a las anfetaminas. En la segunda parte del experimento, a los sujertos de la investigación se les dijo que iban a recibir una recompensa monetaria por completar una tarea simple. En los individuos con altos rasgos psicopáticos la zona cerebral de recompensa de dopamina se activó de forma mucho más fuerte que en los otros voluntarios. La paga importaba por encima de todo.

«Puede que a causa de estas reacciones exageradas de dopamina, una vez que se centran en la posibilidad de obtener una recompensa, los psicópatas no sean capaces de alterar su atención hasta que consiguen lo que quieren», explica Bucholtz. La anticipación o la motivación por conseguir lo que quieren les abruma de tal forma que «no tienen otras preocupaciones».

Los resultados del estudio pueden ayudar a encontrar nuevas formas de intervenir antes de que un rasgo de la personalidad «se convierta en una conducta antisocial»

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