4 oct. 2010

Feria de animales transgénicos.


Para unos puede ser una galería de los horrores y, para otros, la solución a los problemas de salud, los medioambientales e incluso al hambre que golpea al mundo. Sea como sea, los animales genéticamente modificados (GE) empiezan a abandonar los laboratorios para alimentar una gran industria, la de la biotecnología. EEUU, que ya se adelantó al resto del mundo permitiendo los cultivos GE en 1996, vuelve a hacerlo celebrando una feria de ganado transgénico. 

En Sioux Falls, la principal ciudad del Estado ganadero de Dakota del Sur (EEUU) se han reunido la pasada semanagenetistas, laboratorios y grandes compañías de biotecnología en una cumbre sobre animales transgénicos organizada por la Organización de la Industria Biotecnológica (BIO), una asociación que reune a 1.200 empresas. Durante tres días han repasado los últimos avances en genética animal, las oportunidades de negocio y las restricciones regulatorias. Pero, de forma paralela, han mostrado algunas de las criaturas engendradas por los biotecnólogos que, mediante ingeniería genética producen medicinas para los humanos, son más resistentes a las enfermedades o, incluso, beneficiarían al medio ambiente.

La industria plantea mejoras en la producción de alimentos
Así, la empresa Revicor exhibió varios ejemplares de un cerdo que produce células para el tratamiento de la diabetes, además de tejidos y órganos para su transplante a humanos. El cerdo presenta varias ventajas sobre otros animales de cara a un xenotrasplante. Son fáciles de criar, tienen unas características anatómicas y fisiológicas compatibles con los humanos y, por último, los patógenos que pudieran transmitir al hombre están más estudiados. De hecho, los cerdos de Revicor carecen de un gen necesario para sintetizar un enzima, la alfa 1.3 galactosil-transferasa, necesaria para el sistema inmunológico. Con esto se consigue que el sistema inmunitario humano no rechace un xenotrasplante. Por ahora, los tejidos usados en pruebas viven hasta seis meses en el nuevo cuerpo.

Vacas menos locas

Los animales más presentes en la feria han sido las vacas. Dos variedades distintas han estado a la vista de los visitantes. Una, modificada por la empresa local BioDak, ha desarrollado una resistencia a la encefalopatía bovina espongiforme (EBE), el llamado mal de las vacas locas que, en humanos, puede provocar una variante letal de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob. Por otro, la empresa Hematech, que saltó a la fama tras conseguir las primeras reses sin el gen relacionado con la EBE, ha llevado a la feria vacas que producen anticuerpos humanos en su sangre.
El argumento de la crisis alimentaria no convence a los ecologistas
Las ventajas, dicen, de estos animales, superan con mucho sus riesgos. "Los animales transgénicos pueden mejorar la salud humana proporcionando proteínas compatibles y terapias para combatir enfermedades, además de células, tejidos y órganos para xenotrasplantes", explica el director de biotecnología animal de la BIO, David Edwards.

Otro de los argumentos de la industria es el de la mejora de la producción de alimentos, tanto en cantidad como en calidad. Es el caso del salmón que acaba de aprobar la Administración de EEUU y que, con genes y hormonas de otros salmónidos, crece en la mitad de tiempo. También se investiga cómo introducir enzimas en el tracto digestivo de los rumiantes para que su engorde se acelere.
Otra de las líneas de trabajo es la modificación genética para hacer más resistentes a los animales a enfermedades como la mastitis o infecciones bacterianas. En BIO no dejan de recordar que, para 2020 y según la ONU, sólo los países ricos necesitarán un 60% más de proteínas animales.

Protestas ecologistas

Pero el recurso a la crisis alimentaria no seduce a los ecologistas. "Decir que la solución es tecnológica cuando el origen del problema es político es un acto de cinismo", opina el responsable de la campaña de transgénicos de Greenpeace, Juan Felipe Carrasco. De hecho, añade, "la reciente historia muestra que a más tecnología, más hambre". Para los ecologistas, sólo se trata de mantener un control corporativo sobre la producción, como muestra la dependencia de la agricultura transgénica de la industria biotecnológica.
La reina de la escena es la industria biotecnológica de EEUU. A pesar de su juventud, hay ya casi 48.000 firmas o laboratorios que, según estadísticas de la BIO, dan trabajo a 1,42 millones de personas. Una de las bases para este despegue fue la normativa aprobada por el Gobierno de EEUU el año pasado, que clarificaba los mecanismos para aprobar el uso de animales GE. A la feria de Sioux Falls han acudido expertos y empresas de varios países, como Canadá, Hungría, Italia o Nueva Zelanda. También había investigadores y compañías chinas, coreanas y de Singapur. Y una de las jornadas se centró en la seguridad. En BIO son conscientes que es el talón de Aquiles de su negocio.

"Tras casi dos décadas de estudios, todas las investigaciones científicas hasta la fecha indican que no hay problemas con el bienestar de los animales ni con el medio ambiente", sostiene Edwards y añade: "La ingeniería genética es una herramienta para hacer mejor a los animales". 

En Greenpeace no se oponen a la investigación con transgénicos pero sí a su liberación en el medio ambiente y ese es un riesgo que nadie puede evitar al 100%. Carrasco pone como ejemplo el salmón revisado por la FDA. "Sólo en Canadá escapan un millón de salmones de las piscifactorías al mar cada año. Con que unas decenas fueran transgénicos fértiles, acabarían con los naturales en poco tiempo", explica.

El triunfo de la agricultura modificada

Los últimos datos del Departamento de Agricultura de EEUU, publicados en julio, no dejan lugar a dudas: la agricultura GE ha triunfado. La soja modificada para ser tolerante a los herbicidas ya supone el 93% del total plantado el año pasado en aquel país. En el caso del algodón, la cifra es del 78% ( y del 73% las semillas resistentes a plagas). El tercer gran producto, el maíz, tiene cifras algo inferiores. El 70% de las plantaciones lleva cambios en sus genes para soportar una mayor carga de herbicidas, mientras que un 63% resiste mejor artificialmente el ataque de los insectos.

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