5 oct. 2010

750.000 especies escondidas en el fondo del mar.


La mayor extinción en masa ocurrida jamás se vivio hace unas semanas cuando se descatalogó casi 300.000 especies botánicas porque eran redundantes. Es decir de casi el millón de plantas que había 600.000 especies eran en realidad 300.000. Con esto se pone de manifiesto el carácter especulativo del siguiente artículo, que pese a todo tiene interés.

Los océanos podrían albergar 750.000 especies sin identificar, unas 250.000 más de lo estimado en un principio, según el primer censo de Vida Marina hecho público tras diez años de trabajo. Otra década más de investigaciones, asegura la comunidad científica, podría arrojar una cifra total del número de especies marinas existente. De momento, la base de datos contiene alrededor de 120.000: 6.000 podrían ser «nuevas»; 1.200 de ellas ya han sido descritas de manera formal.
 
A pesar de la gran diversidad constatada, la actividad humana es «devastadora». Ese es el mensaje que quieren transmitir los más de 2.700 profesionales que han participado en el proyecto. Las 540 expediciones realizadas en los océanos de todo el mundo han evidenciado cómo la sobrepesca, la pérdida de hábitats y la contaminación han empobrecido la mayoría de los stocks que antes proporcionaban comida y empleo al hombre. Nueve mil días de travesía han reafirmado la importancia de los océanos: la vida marina suministra la mitad del oxígeno de la Tierra y regula el clima, entre otras funciones.
 
El lecho marino no es tan solitario
Entre las nuevas especies encontradas destaca el Dinochelus ausubeli, un cangrejo ciego con una larga pinza, localizado a 300 metros de profundidad en el Pacífico y las arañas gigantes -como un plato de grandes- descubiertas en el Antártico.
El fondo marino, considerado hasta ahora un desierto debido a sus condiciones de temperatura -frío-, luminosidad -oscuridad total- y presión -enorme a profundidades de casi 2 kilómetros-, ha deparado muchas sopresas a los científicos. Grandes comunidades de diferentes especies pululan por él filtrando los nutrientes, desplazándose gracias a los vientos termales y refugiándose en las montañas.
Un gusano con tentáculos -Mar de Célebes (sudeste asiático)- u otro cangrejo apodado «El Yeti» -Isla de Pascua- son otros dos de los hallazgos. Con respecto a este último, los investigadores han matizado que se han observado diferentes miembros de la misma familia en Costa Rica.
El ADN confirmará si estamos ante especies originales o ya conocidas, sólo que con forma, color y tamaño diferentes.

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